Asbestosis en Castinox: Elías Monasterio y Francisco Gordón rompen su silencio

Francisco Gordón, izquierda, y Elías Monasterio, derecha, denuncian que tienes asbestosis después de trabajar en la empresa de Amurrio Castinox

Elías Monasterio y Francisco Gordón, ex trabajadores de Castinox o Fundinox, que fue cambiando de nombre desde 1975 en que se creó en Amurrio en el polígono de Saratxo, salen a la palestra para denunciar de forma pública que tienen asbestosis, una enfermedad que puede causar la muerte por haber inhalado amianto durante su vida laboral desde 1975 y 1977 respectivamente.

Han dado el paso para “intentar que otros trabajadores” de Aiaraldea se conciencien de la necesidad de estar inscritos en la vigilancia específica de la salud para tener controles y, a la vez, para que otros muchos trabajadores que estuvieron en contacto con el amianto “despierten” ante estas enfermedades del amianto, que te pueden llevar a la tumba, por haber trabajado sin medidas de seguridad y protección frente al mineral cancerígeno, cuyas maldades ya se conocían desde finales del siglo XIX. Roberto Eizmendi, de Asviamie Aiaraldea, recuerda en este sentido que “en esta comarca industrializada, al menos, 10.000 trabajadores desde los años sesenta estuvieron en contacto con el amianto”. Hasta ahora Castinox no figuraba entre las empresas que lo utilizaron.

Elías Monasterio recuerda que comenzó en Fundinox (hoy Castinox) desde los 17 años, en 1975. “Toda la vida. Hacíamos lo mismo. Estaba en moldeo, otros en el horno, en contacto con el amianto que desconocíamos su peligrosidad ni nadie nos dijo que era cancerígeno”.

Recuerda que trabajaban con un pantalón y una camisa azules, pero “no teníamos ni mascarillas ni ropa adecuada para evitar las fibras de amianto”. «Cómo será que el Estado no lo prohibió definitivamente hasta 2002”, añadió.

Elías Monasterio con su camiseta de denuncia por enfermar de asbestosis

Le detectaron la asbestosis en el Hospital de Galdakao en 2015, “no en los exámenes médicos que nos hacía la mutua”, después de ser ingresado por otras patologías. Hace ya unos días tuvo un juicio en Gasteiz porque, aunque la Seguridad Social le ha reconocido la enfermedad profesional por contingencias profesionales, pide una indemnización por daños y prejuicios valorada en 300.000 euros, que el juzgado tendrá que dilucidar. “Llevamos años con juicios aplazados, etc. Se hace largo”, espeta Elías Monasterio, que en Castinox le apodaban ‘el mudo’, pero que no calla. Y de hecho, lleva una camiseta naranja dejando claro de dónde le llegó la asbestosis.

Es una enfermedad de los pulmones causada por la inhalación de partículas de amianto. Aumenta el riesgo de cáncer de pulmón y del mesotelioma maligno (cáncer que se encuentra en el revestimiento de los pulmones, el pecho o el abdomen). “Existe una relación dosis respuesta entre la exposición a asbesto y riesgo de desarrollar asbestosis, de tal forma que a mayor exposición, mayor riesgo de desarrollar la enfermedad”, como explican B. Marín Martínez e I. Clavera, de la sección de Neumología del Hospital de Navarra, en Iruñea.

Francisco Gordón también tiene asbestosis. Trabajó junto a Elías Monasterio en la sección de moldeo. Tiene 68 años y Elías Monasterio insiste que cuando llegó su compañero de moldeo “era un chaval con pantalones cortos. Hasta los jefes de ahora fueron obreros como nosotros”, añade con un cierto lamento, porque la empresa ha pasado de unas a otras manos “para quedarse esos jefes actuales con un engaño que nos hicieron sobre la deuda de la misma”.

Gordón corrobora las condiciones de trabajo sin seguridad ni prevención. Y, al igual que muchos trabajadores que estuvieron en contacto con el amianto, admite que cortaban el mismo con navajas o con un cúter “con lo que teníamos, cuando había que revestir el horno o cualquier otro trabajo”. Recuerda que “nos hacían reconocimientos. Venía una furgoneta de la Mutua o teníamos que ir a Amurrio” y en uno de esos controles “me detectaron algo y me enviaron a Oviedo. Tres años antes de 2016 ya vieron que había algo”. En el Hospital de la Silicosis de Oviedo le hicieron las pruebas y determinan que “tiene asbestosis y placas pleurales calcificadas en relación a la exposición al amianto. DLCO 51%. Severo enfisema pulmonar”.

Ambos explican que “queremos seguir hasta el final”, porque “hemos conseguido el reconocimiento de enfermedad profesional, pero el daño está ahí”. Elías Monasterio y Francisco Gordón afirman que la sucesión de empresas que ha habido parece que es un problema para fijar la responsabilidad de ellas, “aunque nuestro abogado nos dice que si se establece un Fondo de Compensación para Víctimas del Amianto podría ser la solución”, aunque está en manos de los jueces.

En Aiaraldea empresas como Tubacex, Acerálava, Tubos Reunidos, Aceros de Llodio (Sidenor), Jez, Envases Metalúrgicos, Guardian Llodio (Villosa), Vidrala (Aiala Vidrio), Lipmesa, Ayuntamiento de Laudio y, en estos momentos, Castinox cuentan con trabajadores afectados por el mineral cancerígeno y donde han fallecido más de una veintena de trabajadores que en su vida laboral inhalaron fibras de amianto. Más de 10.000 trabajadores “han estado en contacto con el amianto en esta comarca”, añadió Roberto Eizmendi, miembro de Asviamie Aiaraldea, quien denunció que “se ocultó su peligrosidad a los principales afectados, los trabajadores y sus familias, que limpiaban sus ropas y buzos de trabajo”.

La realidad es dura. Porque en Hego Euskal Herria han fallecido, según las estadísticas oficiales incompletas, desde 1993 un total de 2.471 personas. Solo por mesoteliomas, un cáncer derivado del amianto, han fallecido desde 1999 hasta 2018 (últimos datos oficiales) 825 personas en Araba, Bizkaia, Gipuzkoa y Nafarroa. En el Estado español esas cifras ascienden a 6.961 muertes por mesoteliomas.

Los expertos determinan que esa cifra hay que multiplicarla por entre 10 y 15 veces para establecer el daño real del amianto entre la población ocupada.

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