
“Creo que existe un grave problema policial en España, siguen habiendo unas altas dosis de corporativismo y de impunidad policial”
“No ha habido ninguna voluntad política de limpiar, de proceder a tener unos cuerpos policiales adecuados al Estado de Derecho”
“Los excesos policiales deberían de ser analizados, valorados y sancionados mediante mecanismos de inspección y valoración independientes de lo que es la institución policial”
“El problema policial viene de la no depuración de los cuerpos policiales durante la Transición, pero después han pasado muchas décadas y no se ha hecho”.
“Policías de la dictadura pasaron a engrosar la policía de la naciente democracia que fue muy generosa con ellos olvidando un pasado con las manos manchadas de sangre y que perpetuaron todos estos excesos en la Transición”.
“Agentes han sido indultados por dos ocasiones por delitos de torturas, lo cual nos indica uno de los flancos más débiles de la problemática policial que estamos realizando”
“Hay una manifestación clara del auge de la extrema derecha en las filas policiales sin que hasta el momento haya habido una política clara por parte de los mandos policiales, o de sus superiores políticos, para intentar atajar esta deriva”
David Ballester, ensayista y doctor en Historia Contemporánea por la Universitat Autònoma de Barcelona, ha escrito un nuevo libro ‘Una historia de la Policía española. De los grises y Conesa a los azules y Villarejo’. Es extenso. Es una crónica muy larga de la represión policial y la nula actuación del poder político ni en la Transición ni en lo que denominan democracia. “Creo que existe un grave problema policial en España” y con “unas altas dosis de impunidad” dice. En este momento, la policía se esfuerza en ‘infiltrarse’ en movimientos sociales y políticos lo que llevan a Ballester a determinar: ‘dime que policía tienes y te diré qué nivel de democracia has alcanzado’. Desde UCD, al PSOE y al PP los problemas no han cesado. 5.379 casos de tortura en Hego Euskal Herria, “no hay estudios para el Estado español”. Como dice el historiador, del horror de la dictadura se pasó a la Transición, que “no fue tan modélica como algunos insisten en reivindicar”. La práctica del ‘gatillo fácil’ “se perpetuó, sin poder precisar por falta de datos del período anterior si se acentuó, aunque apuntamos la hipótesis de que así fue”, indica. Cita el Tres de Marzo, el asesinato de Germán Rodríguez en sanfermines, los fusilamientos en Bahía de Pasaia, entre otros.
David Ballester señala, a la vez, que durante la Transición “la extrema derecha habría llevado a cabo un total de 890 acciones de tipo violento, que se cobraron un total de 62 víctimas mortales entre 1976 y 1982 bajo siglas diversas “como Anti-Eta (ATE), Grupos Armados Españoles (GAE), Acción Nacional Española (ANE), la Alianza Apostólica Anticomunista o Triple A (AAA)” al lado de «mercenarios de la extrema derecha vinculados a la organización francesa OAS (…), al hampa marsellesa o a grupos fascistas italianos». Su actividad finalizaría a finales de 1978, cuando entró en acción el Batallón Vasco Español (BVE) que se mantuvo activo hasta las vísperas del 23-F, siendo las siglas que adquirieron un mayor protagonismo. “Así, las pesquisas policiales en referencia a actuaciones de esta índole no pasaban de ser una superficial toma de declaración a algunos testigos, sin llegar a investigar en profundidad los hechos”. Y destaca que “los agentes que tomaron parte en acciones de este tipo lo hicieron de forma voluntaria, sin recibir remuneración alguna, a diferencia de lo que ocurriría años más tarde con los GAL”.
Para él, la aparición de los GAL con el Gobierno del PSOE, el llamado “terrorismo de Estado” es otra “época oscura” y a la que más recientemente se sumó el Gobierno del PP con la “Operación Catalunya” y la llamada “policía patriótica”. Critica que la Ley de Secretos Oficiales sea de 50 años, con lo cual si alguna vez se pueden conocer los hechos, sus protagonistas no estarán.
David Ballester alerta en este momento de que “hay una manifestación clara del auge de la extrema derecha en las filas policiales sin que hasta el momento haya habido una política clara por parte de los mandos policiales, o de sus superiores políticos, para intentar atajar esta deriva”, que reconoce que se traslada a la Ertzaintza y a los Mossos D’Esquadra. “Y por lo que conozco, el problema es más grave en la Ertzaintza que en los Mossos”, concluye.
¿Con este nuevo libro ‘Una historia de la Policía española. De los grises y Conesa a los azules y Villarejo’ qué pretendes? ¿Es la segunda parte del anterior, ‘Las otras víctimas. La violencia policial durante la Transición (1975-1982)’, o no tiene nada que ver?
No se puede considerar como segunda parte, sino que sería como una asignatura pendiente de todos los trabajos que he realizado en los últimos 20 años, en los cuáles he tocado tanto las movilizaciones populares durante la Transición o la represión policial, y entonces la Policía siempre estaba presente, y a la fuerza de trabajar temas colaterales de la policía me he dado cuenta como historiador de que faltaba un libro que ocupara este espacio historiográfico, ya que de la Policía en España se escribe poco y lo poco que se escribe viene, dijéramos, de la propia empresa. Es decir, son comisarios de policía o historiadores del Servicio de Estudios Históricos de la Guardia Civil los que hablan de la policía, pero los historiadores no nos acercamos a este tema por diversas razones. Una, obviamente, es la dificultad de acceder a los archivos policiales. Entonces, creía como historiador, y como ciudadano, que una parte tan importante del aparato de Estado como es la Policía le faltaba un libro que ocupara este espacio y modestamente he intentado ocuparlo, ofreciendo una perspectiva desde el final de la Guerra Civil hasta la actualidad, poniendo de manifiesto los problemas que se han ido arrastrando a lo largo de la historia y que pienso que hoy en día, no sólo es en España, sino que es un problema trasversal en los países de nuestro entorno, pues transmite una institución tan clave como ésta alrededor de una idea que para mi es básica, como aquella que repito en el libro, y que dice ‘dime que policía tienes y te diré qué nivel de democracia has alcanzado’.
¿Puedes contestar a esa pregunta que has lanzado?, ¿cuál es tu parecer después de 20 años dando vueltas a todo esto?
Creo que existe un grave problema policial en España, trasversal a otros cuerpos policiales en Europa, y que sólo lo he tocado como dice el título del libro, que es la historia de la Policía española, es decir de los cuerpos de ámbito estatal. No toco los cuerpos autonómicos, que también y en buena parte y de forma lamentable, están presentes. Hubo en su momento la opción de generar un nuevo tipo de policía, que no se contaminara de los vicios de la policía estatal, pero seguimos teniendo un problema grande, en este sentido, y una falta de liderazgo, de coraje, de voluntad por parte de los dirigentes de los diversos partidos políticos de incidir en este tema, de solucionarlo.
Porque aquí volvemos a la frase axiomática, pero significativa, de que ‘los gobiernos pasan, pero la policía queda’. Y queda la policía con todo su lastre que en su momento no se depuró durante la Transición. Lógicamente, los errores de ahora no son acarreables a la Transición y sus limitaciones. Ha habido tiempo para enmendar la plana, pero ha faltado voluntad política, coraje, determinación y compromiso ideológico por parte de los diferentes ocupantes del poder ejecutivo para incidir en esta parcela. Y nos encontramos con una constante sucesión en la prensa de hechos protagonizados por policías, teniendo en cuenta que es una labor muy compleja y difícil, y que el error y el exceso es consustancial a la labor policial. Pero, por otra parte, no nos podemos conformar con el hecho de que cuando se produce un exceso policial desde instancias gubernativas se nos diga que es un hecho aislado. Creo que no es un hecho aislado, se dan una serie de continuidades que he procurado analizar o, como mínimo, poner encima de la mesa en el libro, y que de aquellos barros de entonces, son los lodos de hoy en día.
Lo que se ve en el vistazo rápido del amplio libro, que en las cunetas siguen quedando cadáveres; que en las comisarias se torturó, maltrató e, incluso, se mató a personas, como en intervenciones policiales en determinados lugares. ¿Ha cambiado algo o estamos igual?
Bien. Diría que igual, igual, no, lógicamente. Ha habido una evolución, pero siguen habiendo unas altas dosis de corporativismo, de impunidad policial, de una protección por parte de los agentes que, evidentemente, supongo que buena parte de ellos harán su labor como cualquier otro profesional lo mejor que puedan, pero existe una costra que no se consigue limpiar, heredada de unos cuerpos policiales que se traspasaron con su trampas y bagajes como meros cambios terminológicos o de uniforme a la naciente democracia de los años de la Transición. Luego, continuó con la nefasta gestión de los socialistas en el ámbito de Interior con los mandatos de Barrionuevo y Corcuera, y que cuando se intentó enderezar la situación, al final del mandato socialista, con el equipo de Belloch y Robles, sencillamente, era demasiado tarde porque tal y como yo titulo en el libro fue el ‘mandato titanic’. Como digo, tenía una vía de agua importante, y esta vía de agua fue con los GAL, y bastante más de los GAL procedía de Interior.
No ha habido ninguna voluntad política de limpiar, de proceder a tener unos cuerpos policiales adecuados al Estado de Derecho, insisto, teniendo siempre en cuenta que el error y el exceso siempre han estado presentes, pero cuando se producen habrían de existir los mecanismos, que no existen, según mi criterio, lo suficientemente contundentes para aplicar las medidas necesarias y para higienizar estas parcelas oscuras de la gestión policial, y procurar que la policía fuera un reflejo de la sociedad y actuara al servicio de esta sociedad.
Creo que la policía española, probablemente, utilizo un poco la comparativa con Alemania, con Francia y con Portugal incluso, por eso hablo de que son problemas trasversales de las diversas policías europeas. Creo que la policía ideológicamente y en sus pautas de comportamiento no se corresponde a lo que es la sociedad hoy en día. Y se pone de manifiesto desde quien predomina en los sindicatos, a las preferencias electorales de los miembros de los cuerpos policiales, que esto también está estudiado. En definitiva, lo ideal sería tener una policía al servicio del Estado de Derecho y lo más parecida posible a lo que es la sociedad a la que han de servir, y creo que esto no ocurre.
La policía es la “columna vertebral de cualquier estado” dices, pero tenemos a Villarejo, con todo lo que salido, la policía patriótica con todo lo que surgió con Catalunya, tenemos lo que se ha torturado en comisarías, con el GAL, ahora estamos viendo que hay policías infiltrados en movimientos sociales, muchos de ellos parece que han sido los que han provocado algunos altercados para motivar la acción contra ellos, ¿por dónde se salva esto?
De todo esto hablamos en el libro y ponemos ejemplos. ¿Salvarlo? Es difícil. Los políticos por definición son cortoplacistas. En definitiva, una labor de este tipo de higienización de la Policía no sería cuestión de una legislatura, sería cuestión de largo plazo. Y con el cortoplacismo que te decía es difícil que un gobierno se atreva a roer un hueso tan duro como es la institución policial para intentar sacar rédito a un plazo lejano.
Los políticos desgraciadamente no tienen esta visión, ni el ámbito policial ni en muchos otros. Por lo cual, es difícil, pero por el hecho de ser difícil, no deja de ser menos necesario que se lleve a término y una opción que ya se está llevando a cabo en diversos países sería, por ejemplo, que los excesos policiales fueran analizados, valorados y sancionados mediante mecanismos de inspección y valoración independientes de lo que es la institución policial porque ésta siempre tiende, ante los excesos policiales, al cierre de filas, al corporativismo, al oscurantismo y, en definitiva, a la perpetuación en sus filas de agentes que lo que hacen es manchar el buen nombre de la institución policial. Ellos deberían ser los primeros interesados en limpiar sus propias filas, pero parece que no es así y hay una continuidad en determinadas prácticas que no deberían tener lugar en un estado de derecho.
¿Por qué crees que ellos mismos no limpian lo que ha pasado? Desde que murió Franco son casi 50 años, lo que duró la dictadura, y estamos parecido.
Hay que tener en cuenta que en países con una tradición democrática más larga que la española, como por ejemplo Francia o Alemania, hoy en día tienen un problema policial y no me atrevería a valorar si es más o menos grave que el español, pero también lo tienen. Aquí yo marco especial énfasis en el libro en la no depuración de los cuerpos policiales durante la Transición, pero después han pasado muchas décadas.
Por eso.
Ha habido tiempo de realizar acciones proactivas en el sentido de generar dinámicas de higienización tal como decía de una nueva policía, pero parece que los vicios se enquistan e incluso se traspasan a las policías autonómicas y todo es debido a una falta de voluntad política porque, al fin y al cabo, los mandos policiales dependen de sus superiores que son políticos y se debería de haber intentado buscar mandos policiales con el suficiente coraje como para controlar a sus subordinados y ser los primeros interesados en proceder a la limpieza de sus propias filas para bien de la institución policial y del servicio que han de prestar a la sociedad.
¿Crees, de todas maneras, de que prestan ese servicio a la sociedad o lo que defienden es directamente a la burguesía o la oligarquía imperante? Te lo pregunto porque sólo se ve que la policía reprime siempre las demandas de la gente del pueblo: desde un despido, a un desahucio, hasta la reivindicación de pretender la independencia en Catalunya, por ejemplo.
Sí, pero la policía no es un ente autónomo. La Policía recibe órdenes, a veces se extralimitan en el cumplimiento de estas órdenes y entonces es cuando encontramos a faltar la necesaria contundencia en esclarecer y aplicar las responsabilidades que se pudieran emanar de esos excesos. No hay que olvidar que la Policía obedece unas consignas que vienen del poder legalmente constituido y es aquí en este poder legalmente constituido donde yo hago el juego y les pongo a mis lectores en mi libro en un momento determinado cuando fracasa el intento de reforma de Belloch y Robles, al final del mandato socialista. Hablamos de 1994/96 cuando en estas fechas tan tardías se marcan como objetivo, que no lo consiguen, acabar con la práctica de la tortura. Estamos hablando de casi 20 años después de conseguida la democracia y que todavía la tortura era un tema que estaba presente.
En este caso de forma episódica el ministro Juan Alberto Belloch intentó acabar con ella, sin conseguirlo. Entonces, si miramos los ministros de interior que se han sucedido en el periodo democrático, pues veremos que son ministros que no manchan, pero tampoco limpian. Es decir, no han incidido para nada en la dinámica policial, permitiendo mecanismos de funcionamientos autónomos al respecto y sin una voluntad clara de poner los pies en el fango y, si es necesario, actuar con la contundencia necesaria para erradicar estos problemas que se perpetúan a lo largo de las décadas. Es una falta de coraje evidente.
De hecho, recoges como hay mandos policiales del franquismo que pasaron a ser mandos después y que han continuado.
Sí, de eso pongo muchos ejemplos en el libro.
Por eso, te digo.
Sí, y aquí hay una diferencia clara con lo que se hizo en Portugal. La verdad es que las condenas que sufrieron los miembros de la Policía de la dictadura salazarista, especialmente su policía política (Polícia Internacional e de Defesa do Estado, PIDE), equivalente a la Brigada Político Social de aquí, no fueron penas excesivamente largas pero, como mínimo, pasaron a engrosar las filas de la policía democrática.
En cambio aquí con armas y bagajes, y muy a menudo con sus pautas de actuación, pasaron a engrosar la policía de la naciente democracia y no sólo la democracia fue muy generosa con ellos olvidando un pasado con las manos manchadas de sangre de agentes que habían conculcado de forma repetida los derechos humanos practicando todo tipo de vejaciones con los antifranquistas, sino que perpetuaron todos estos excesos en la Transición. E insisto que fue muy generosa con ellos y los recompensó con condecoraciones y ascensos alcanzando, no sólo en la etapa de la UCD sino en la del PSOE, cargos de altísima responsabilidad sin que su pasado fuera óbice, para que se produjera esta continuidad desde mi punto de vista vergonzosa por lo que hace a las esencias de lo que debe ser un Estado de Derecho.

Creo que citas en el libro que desde 1960 hasta 2015 se calcula que hay por lo menos 5.379 casos de torturas en Hego Euskal Herria y son pocos los policías depurados.
Esas cifras emanan de las instituciones vascas y navarras que han estudiado los casos, que lógicamente esas prácticas execrables se produjeron en este contexto geográfico, pero no sólo en él, también en otras comunidades españolas la policía en democracia siguió torturando y proliferando los malos tratos y en este sentido es la parte más oscura de estas actuaciones policiales, que se perpetúan en el tiempo sin solución de continuidad.
¿Se sabe cuántas personas son las afectadas por la tortura en el Estado español?
No. No hay ningún estudio que lo recoja. Yo me he alimentado de los que eran de las instituciones vascas, que han realizado informes al respeto, que lógicamente han de recoger la mayoría de los casos bajo el argumento de la lucha contra el terrorismo de ETA, etc, pero evidentemente es una de las páginas más oscuras en este sentido que ha ido acompañada de unas altas dosis de impunidad y creo que no nos puede congratular como demócratas que gobiernos de un Estado de Derecho, como es España con todas sus limitaciones, se hayan dedicado fueran ya el PP o el PSOE a indultar a agentes que habían sido condenados por torturas teniendo en cuenta que, según mi criterio, esto debería de ser una línea roja muy gruesa inadmisible, ya que un agente condenado por torturas se le debería de expulsar. Tenemos por ejemplo casos que relato en el libro en el cual agentes han sido indultados por dos ocasiones por delitos de torturas, lo cual nos indica uno de los flancos más débiles de la problemática policial que estamos realizando.
Los datos son de Hego Euskal Herria, en Barcelona en Vía Laietana se siguen concentrando para que se asuman las responsabilidades sobre las torturas que se cometieron.
Es lo que te decía hay una continuidad en las prácticas y en la impunidad que rodea estas prácticas por el oscurantismo y el corporativismo que existe y la falta de voluntad política por acabar con estas prácticas. Cuando llegaron los socialistas al poder en 1982, esto lo cito en el libro, hay un grupo de intelectuales que hicieron un manifiesto en ‘El País’ que solicitaban de forma encarecida que de una vez por todas se acabara la execrable práctica de la tortura en España, ahora que había llegado al poder un gobierno teóricamente de izquierdas y se comprometían en el plazo de tres meses, si se cumplía esa premisa, a volver a realizar un manifiesto en el mismo periódico congratulándose de que por fin que en España se había acabado con esta práctica.
Este manifiesto no se realizó, y lo que se realizó fue un escrito en tono crítico constatando que varios meses después de la llegada de los socialistas al poder estas prácticas se seguían utilizando y se siguieron practicando a lo largo de los años siguientes con la excusa de la lucha contra ETA, etc, pero hay que tener en cuenta que una buena parte de los detenidos, supuestamente detenidos por complicidad con la organización terrorista, eran dejados en libertad sin cargos, pero una parte de ellos habían pasado por episodios de malos tratos o torturas en dependencias policiales.
O personas asesinadas, o confundidas con militantes de ETA, o de otros grupos armados…
Evidentemente a partir del año 80-82, sobretodo con los socialistas, hay un cambio significativo en lo que hace referencia a las muertes por excesos policiales. Dejan de ‘fallecer’ ciudadanos o prácticamente en la represión de manifestaciones, la práctica del ‘gatillo fácil’, que estaba tan incrustada en los cuerpos policiales no desaparece de forma inmediata, pero sí que hay un decrecimiento al implementarse una normativa para el uso de las armas de fuego.
La tortura prosigue como dicen los propios detenidos ‘de forma diferente’ a como se hacía durante la dictadura y la transición, en definitiva, pero los excesos se siguen produciendo y hoy en día seguimos teniendo una cifra, muy difícil de averiguar, pero he podido acceder a algunos datos, en referencia a las víctimas de actuaciones policiales a lo largo del ejercicio de un año que, algunas de ellas, dejan claro que nos podemos encontrar en casos que son excesos y que se hubieran podido evitar con una praxis policial más adecuada a los reglamentos policiales. Pero, incluso en estos casos, se sigue practicando un corporativismo y una impunidad en referencia a los agentes que es preocupante.
También mencionas a víctimas por los grupos de extrema derecha, ¿fueron muchas?
Sí, no es un tema que haya tratado en profundidad en el libro, pero sí que lo he tenido que mencionar porque es una evidencia que durante la transición, sobre todo, hubo una clara connivencia pasiva o activa. Pasiva quiere decir no actuando en contra y activa participando en este tipo de actuaciones en los cuáles la ligazón entre grupos de extrema derecha o la policía, ya sea mediante acciones de castigo o excesos de todo tipo, o mediante el Batallón Vasco Español, bajo el Gobierno de la UCD, o los GAL durante los socialistas, aquí ha habido una connivencia clara sin que en su momento se depuraran responsabilidad.
Con el auge actual de la ultraderecha, se puede volver a una situación parecida.
A ver la historia no se repite, pero a veces rima. Es evidente que hoy en día, dentro de la organización policial solo hace falta ver los resultados de las elecciones sindicales. Dedico un capítulo a Jusapol en el libro. Hay una manifestación clara del auge de la extrema derecha en las filas policiales sin que hasta el momento haya habido una política clara por parte de los mandos policiales, o de sus superiores políticos, para intentar atajar esta deriva. Este auge de la extrema derecha en las filas policiales nos lleva a la conclusión de que sigue y de momento, afortunadamente, es una minoría en la sociedad española. Pero a la hora de traspasar esta presencia en la policía española no es una minoría.
Nos lleva a una conclusión en el sentido de que la policía que tenemos no es representativa de lo que es el país. Y sería conveniente de que así fuera, y en el caso de que tuvieras una policía derivada hacia la derecha o la extrema derecha, que no se correspondería a lo que es el país, debería de haber unas pautas de actuación tajantes, con unas líneas rojas muy claras por parte de los responsables políticos y policiales para controlar a los agentes que, llevados por este supuesto fervor patriótico, se excedieran en la comisión de responsabilidades.
Ya que has mencionado a Jusapol, aquí en la Ertzaintza ha penetrado esa tendencia ultra. ¿No sólo el sirimiri ha ido a la policía española sino que entran en las autonómicas?
Claro. Mi trabajo es sobre la policía de ámbito estatal, hablo un poco de las policías autonómicas, pero es evidente que con el nacimiento de la Ertzaintza y de los Mossos D’Esquadra se perdió la oportunidad, puede que inicialmente estuviera planteada su evolución, pero no se ha producido. Y por lo que conozco, el problema es más grave en la Ertzaintza que en los Mossos D’Esquadra, que también tienen sus problemas. En fin, se desperdició la oportunidad de crear unos cuerpos policiales radicalmente diferentes a los heredados desde la dictadura. Y nos encontramos hoy en día que, desgraciadamente, a veces las diferencias entre los diferentes cuerpos son mínimas, cuando deberían de ser radicales, teniendo en cuenta todo lo que no se hizo su momento y no se ha hecho en las décadas posteriores, tal y como demuestro en el libro con la policía de ámbito estatal.
¿Los fusilamientos de los miembros de Comandos Autónomos Anticapitalistas en Bahía de Pasaia los tocas?
Lo toco y dedico varias páginas a estos hechos que son una clara extralimitación de índole policial.
Te digo porque en este último año, dos de los supervivientes con los que hemos hecho varias entrevistas, han tratado de recuperar un poco lo que pasó allí y poner nombre a los verdugos.
Lo explico. Y recojo incluso las actuaciones y testimonios que reconocieron. También explico el caso Zabalza. No he podido tocar el caso de los chicos de Altsasu, porque nos hemos ido a un volumen de páginas algo elevado. A Lasa y Zabala, también, en el capítulo que dedico a los socialistas. Era necesario, porque no se había hecho un trabajo que analizara desde un punto de vista crítico e historiográfico la gestión socialista en Interior. Hay libros sobre los GAL, pero en conjunto creo que faltaba esta lectura, esta interpretación que dedico en el libro. Tampoco creo que hay un libro que analice desde el punto de vista policial lo que fue la represión del 1 de octubre. Hay libros del Procès, pero no que se analice y de forma breve. Tampoco me he podido detener, pero lo analicé desde el punto de vista policial, el tema del 1 de octubre. He procurado ser bastante exhaustivo y completar esta panorámica global con sus limitaciones desde el 1939 hasta la actualidad.
Hace unos días hemos publicado una entrevista con Adrián Sas, que está a la espera de recibir la orden de ingreso en prisión, por unos hechos que se produjeron un año después del 1 de Octubre precisamente en la conmemoración de esa fecha marcada ya en la historia de Catalunya.
Porque aquí se produce una clara alianza entre la institución policial y la magistratura que, por decirlo de alguna manera, todos reman al unísono y siempre en el mismo sentido. Es evidente. Hay un libro que me encanta, que lo encuentro muy acertado analizando las contradicciones y los problemas del poder judicial en España recientemente que se llama ‘Jueces, pero parciales’. Es pequeño. Lo mismo que he analizado sobre la policía se podría analizar y realizar sobre la institución judicial, que también traspasó con armas y bagajes de la dictadura a la democracia sin ningún tipo de depuración.
Ahí podríamos hablar del juez Baltasar Garzón que va de enrollado pero que cerraba los ojos cuando le llegaban los detenidos con torturas o malos tratos.
De esto hablo en referencia a las detenciones que se produjeron en el ámbito del independentismo catalán justo antes de los Juegos Olímpicos del año 1992. Aquí se produjeron detenciones con prácticas de tortura evidente, por las cuales el Estado español fue condenado y todo esto lo explico y lo pongo de ejemplo de perpetuación de estas prácticas ya entrados los años 90.
El Plan ZEN lo mencionas, ¿no has querido entrar a los detalles?
Lo cito. El libro procura ser exhaustivo, pero no puede entrar absolutamente en todo.
En Hego Euskal Herria tuvo su importancia, te detenían y paraban por nada, solo por las vestimentas, por la pinta, por ejemplo.
Sí, sí, como tantas cosas se queda en el tintero, también la función del historiador es escoger con sus errores y sus aciertos, los temas en los cuales incide y con todo el dolor hay cosas que se quedan al margen, cosas que tratas más a fondo, pero hay que escoger, sino haríamos unos volúmenes difíciles de digerir para el lector. Se ha buscado hacer un libro riguroso, con todo el rigor necesario, pero con un nivel de amenidad lo suficientemente atractivo para que el público pudiera acceder a él.
¿Crees que en algún momento vamos a conocer lo que ha pasado en las comisarías?
Veo que es difícil por dos razones. Primero, por las dificultades que existen para historiadores, periodistas, sociólogos, analistas…de acceder a los archivos de la policía, mientras exista la ley de secretos oficiales, etc y, segundo, por la perpetuación de este oscurantismo que te comentaba en el sentido de tapar, que no haya luz y taquígrafos. Tapar que es la política que se sigue desde hace décadas.
Esto una parte de la prensa también es cómplice, porque la institución policial desde instituciones conservadoras de la sociedad reflejado en la prensa la tienen como un punto de referencia en su ideario. La policía es intocable y, por tanto, no se critica. De hecho, ya en medios de comunicación en los cuáles las críticas a la policía o la constatación de sus excesos son muy difíciles de encontrar. Y sólo hay un espectro de la prensa que incide. Y, de todas maneras, con tristeza te diría que es un tema que trasversalmente no preocupa en exceso a la sociedad. Es triste, pero es así.
Si estos temas fueran saliendo, pero si no se saca, la sociedad no se entera y todos sabemos que ante complicaciones prefiere mirar a otro lado.
Sí, pero también hay un porcentaje significativo de la sociedad completamente acrítico ante la actuación de la Policía en particular y de los uniformados, en general. Forman parte de sus paradigmas ideológicos incontestables y, de ahí, intocables y no se va a incidir porque los consideran una columna vertebral de su idea de patria, de nación o de lo que quieras decir. Mientras tengamos a una parte de la sociedad adormecida, amordazada, ciega y sorda ante los excesos policiales porque sencillamente, abro comillas,”son unos de los nuestros”, será difícil avanzar en este sentido.
Algo que abriría esas mentes podría ser que decayera la Ley de Secretos Oficiales y se permitiera conocer los entresijos del 23-F, de Bahía de Pasaia, de los GAL…
Y tantos otros episodios, siempre y cuando la documentación exista. Porque otro problema con el que nos podremos encontrar quienes investigamos este tema es que cuando se abran las compuertas y podamos acceder a la documentación ésta esté accesible y completa. Teniendo en cuenta las experiencias que recogemos en el Estado español al respecto, nos podríamos encontrar con sorpresas bastante decepcionantes. No soy optimista.
Lo tengo claro, si no abren las compuertas es porque ocultan mucho barro, ¿no te parece?
Evidentemente. Aquí hay una omertà (ley del silencio) clara entre instancias políticas, policiales y judiciales para cuánto menos sepamos, mejor. No es óbice para que a los que nos interesa este tema y creemos que es necesario que con luz y taquígrafos la sociedad tenga acceso a este tipo de información sigamos porfiando e intentando que se acabe conociendo. No creo que vaya a pasar en un breve de plazo. Soy pesimista.
Algunos dicen que hasta que no mueran los protagonistas, gente que ha torturado y no ha entrado en la cárcel, o los dirigentes de los GAL, entre otros muchos, no se podrá conocer lo que pasó.
Esto lo cito en el libro. Está claro que una Ley de Secretos Oficiales a 50 años, los protagonistas pueden tener la garantía de que cuando se hagan a la luz ellos habrán fallecido. Es una cortapisa a que haya una clarificación de los hechos. Si fuera, por ejemplo como en Estados Unidos, que son 25 años, habría como mínimo que quien realizara determinados hechos y supiera que al cabo de 25 años entraran en su periplo vital, se procuraran quizá no llegar a determinados extremos al respeto. Pero una ley a 50 años es una verdadera aberración.
¿Estás preparando otro libro?
No. De momento, descansar. He acabado agotado del trabajo que bien conoces de ‘Las otras víctimas’ y luego empalmé con éste. Ahora me toca un periodo de reflexión, de promoción de este libro para que tenga el eco que debe tener y llegue donde tenga que llegar. Luego ya nos plantearemos otros horizontes. Sencillamente necesito desconectar de los temas de investigación que he llevado durante los últimos años.
Si quieres añadir algo, estás a tiempo.
Agradecido, espero que mi objetivo fundamental que es que el libro tenga eco, que no quede indiferente y obligue a plantearse determinados temas que son tabúes. Y a partir de esa modesta contribución, poner determinados puntos sobre las íes y que sirva para avanzar en asuntos tan complejos.
https://sareantifaxista.blogspot.com/2024/05/david-ballester-historiador-la-policia.html
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