
“Lo que dijeron los representantes de Zedarriak y el vicelehendakari Torres sobre potenciar la industria de defensa es una auténtica salvajada”
“Desde que hemos sacado el libro ya han aparecido 12 empresas más contrastadas que trabajan para el sector, ya son más de 210 en Euskal Herria”
“A finales del 2023, sobre todo, empieza un mensaje directo de que ‘viene la guerra’, de que ‘hay que armarse’ y no sé cuántas atrocidades más”
“A partir de principios de este siglo el lobby armamentístico europeo se organiza con fuerza, lo que antes no lo había hecho”
“Ursula von der Leyen, Josep Borrell y Thierry Breton han impulsado los intereses del lobby armamentístico”
“En Zedarriak de los 16 integrantes, 10 tienen relación directa con la industria de armamentos. El lobby vasco ha despertado”
Sare Antifaxista habla con Antonio Escalante, del grupo antimilitarista Gasteizkoak, de las propuestas que aparecen en el nuevo libro que han publicado recientemente ‘Conversión de la industria militar en Euskal Herria. Para no fabricar más guerras’, editado por ZAPateneo, y que ha despertado al lobby Zedarriak y, entre otros, al Gobierno vasco para hacer una defensa absoluta de la industria armamentística, la industria de matar, y la vuelta a la energía nuclear, como también reclamó en la Cumbre de Davos el presidente de Iberdrola Ignacio Sánchez Galán, lo que para este interlocutor es “una auténtica salvajada”. Todo viene marcado por la Unión Europea que “ha asumido” al lobby de la industria armamentística y para ello pone como escudo esa frase de ‘que viene la guerra’, para garantizar inversión en procesos industriales que sirven directa o indirectamente para causar daño, incluso matar. El libro muestra lo que hacen muchas de las empresas en suelo vasco y que están ocultas a la mayoría de la población. Escalante es claro “debe producirse la conversión de la industria militar en producción civil y de utilidad social que cuestione el sistema productivo capitalista”. En esta tarea, Gasteizkoak cree que deben participar la mayoría sindical vasca y los colectivos sociales y antimilitaristas. Con los sindicatos han estado. Todavía están en una fase inicial, pero son positivos para que esa pretensión cuaje. Quieren avanzar también con los movimientos sociales y antimilitaristas.
Habéis publicado un nuevo libro que es un repaso de los trabajos anteriores actualizando sus datos y con nuevas propuestas, ¿qué pretende?
Los trabajos anteriores es lo que menos nos importaba del libro. Lo explicamos en la introducción, el libro nace de la idea de empezar a trabajar más en serio en la propuesta de conversión de la industria, que es lo que nos importa del libro. Estábamos en esa propuesta y de repente empiezan a pedirnos de Navarra datos para un trabajo que quieren hacer sobre la industria militar de allí. Nos pusimos a actualizarlos y vimos cambios importantes, lo que nos generó la duda de si esos cambios se habían producido también en la CAPV. Y, efectivamente, los actualizamos, pero esa es a la parte que menos importancia les damos del libro. Pensamos, y afortunadamente no ha sido así, que iba a ser la que despertase más morbo, porque la gente quiere ver si está su empresa y lo que sea, y de momento no ha ido por ahí.
La otra parte surge porque mientras estábamos trabajando en todo eso, nos empiezan a decir de forma profusa ‘que viene la guerra’, ‘que viene la guerra’. Empiezas a ver a la gente con la preocupación de la guerra. Y decidimos entrar a ese tema para ver qué es lo que está pasando en realidad. En las presentaciones por iniciativa nuestra no estaríamos hablando de las fábricas. Es curioso, porque el libro vio la luz en diciembre. Terminado está en junio del año pasado. Desde que hemos sacado el libro ya han aparecido 12 empresas más contrastadas que trabajan para el sector. Luego, hay gente que te habla de otras, que no terminada de darte datos que puedas contrastar. Pero 9 de ellas, de esas nuevas, acuden a la feria de armamento en Madrid, que se hace cada dos años.
¿Estaríamos hablando ya de más de 210 empresas vascas?
Más.
¿Muchas?, ¿hay mucho negocio aquí?
Sí. Ahora nos estamos adaptando ahora a la sorpresa de Zedarriak. Cuando hicimos el libro, en la parte de analizar lo de la guerra quisimos remarcar, porque a la peña se le olvida con facilidad que en guerra estamos desde hace muchísimo tiempo, que hay que analizar todas y que son las que matan día a día mucha más gente, y aunque se retiene esa guerra bélica de Ucrania, hay otras cincuenta y pico guerras bélicas en el mundo y no había pasado eso hasta ahora. Y ¿qué pasa ahora?, porque ni tan siquiera con el estallido de lo de Ucrania y lo de Gaza la peña lo vivía como cercano. En el caso de Gaza, igual sí como denuncia, pero no sentía miedo de que viene la guerra.
¿Qué ha ocurrido entonces a tu juicio?
A finales del 2023, sobre todo, empieza un mensaje directo de que viene la guerra, de que hay que armarse y que no sé cuántas atrocidades más. Alguien de repente se cree esta historia. Empezamos a mirar y efectivamente había tres personalidades, en concreto, que repetían esos mensajes con asiduidad: Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea; Josep Borrell, ex vicepresidente de la Comisión Europea, y un tipo, al que se le conoce menos, Thierry Breton, empresario y ex comisario europeo de Mercado Interior y ex ministro francés de Economía y, al mismo tiempo responsable de una empresa militar francesa. Cuando ves que estos tres de una manera organizada dan ese paso, es porque se ve claro.
¿Habéis analizado por qué difunden ese miedo en la población?
Empezamos a mirar y vimos que hay unos cuantos trabajos anteriores que nos han facilitado la labor prospectiva. Terminaban en 2015/16, donde se ve claramente que a partir de principios de este siglo el lobby armamentístico europeo empieza a organizarse, lo que antes no lo había hecho, empieza a hacerlo ya con fuerza.
Empieza a preocupar la historia de que la Unión Europea en tema de Defensa no quiere saber nada de ayudas, que no hay una política de defensa en el sentido de una industria militar y todo eso. Empiezan a organizarse. En 2004 hacen pública la asociación, que es el lobby oficial de la ASD –Asociación de Industrias Aeroespaciales y de Defensa de Europa, la organización de lobby más importante de la industria armamentística europea– y a partir de ahí empiezan con su labor de zapa lo que van consiguiendo. Sé que lo que voy a decir y que si no te lees el libro parece que es inventado, pero hay mucha documentación, van consiguiendo infiltrarse en distintos ámbitos de la Unión Europea (UE) hasta conseguir condicionar las políticas.
Lo que hemos sabido hasta ahora es que mientras en la UE antes estaba absolutamente prohibido dar algún tipo de ayuda, ahora ya están hablando, bueno dieron un primer salto con los fondos europeos de defensa que eran pequeñas cantidades, pero ya han conseguido directamente que una consejería de Europa se encargue de tema de defensa. Están hablando de un presupuesto 100.000 millones para los por próximos presupuestos. Están consiguiendo que el Banco Europeo de Inversiones les pueda dar pasta, porque hasta ahora con las condiciones que ponía el BEI no podían trasvasarse.
Ahora lo dirige la española, Nadia Calviño.
Sí, la Calviño, sí. No sólo eso, sino que también están consiguiendo otras cuestiones. Hay una historia que les preocupa mucho, y no la sabíamos y la hemos descubierto dentro del trabajo, con la banca privada tienen un problema porque se ha puesto muy de moda en los inversores, los de a pie de calle y los fuertes, la historia de la resilencia, que le llaman taxonomía en Europa, y que las inversiones tienen que tener un componente social, ecológico, no sé qué y no sé cuantos, y para la industria de Defensa dicen que no hay inversiones. Pero ya tienen todo un entramado para poder cambiar esa historia y poder vender la defensa y que los propios Borrell, Von der Layen y demás nos vendan a la población ayudas en los ecológico, porque están cambiando el combustible que utilizan y cosas así; en lo sanitario porque ayudan a la salud mental de la población para sentirse respaldada y demás… y tienen mucho empeño en esa historia. Poco a poco van consiguiendo que suelten la pasta para esos otros fines, que ya no ocultan. Se ve superclaro como ese lobby funciona ahí, y como los tres portavoces de la historia son la Von der Layen, Borrell y Breton.
¿En Estados Unidos ocurrirá igual?
Allí es más exagerado, pero tienen la colisión entre los dos lobbys de los lados del Atlántico. Europa en cuanto se pone las pilas empieza con programas en los que condiciona que para poder acceder tienen que ser entre al menos tres países y que esos países se comprometan a que el 50% de su gasto de defensa tiene que ser entre empresas europeas. Claro, ven los otros que se les va a ir el chollo. Dicen que ‘os estamos pagando la seguridad aquí y nos quedamos sin negocio’. Es más o menos lo que les está diciendo Trump: ‘aquí se aumenta el gasto, para que nos compréis a nosotros, si os vais a comprar entre vosotros que os den dos duros’.

¿Existe un lobby vasco?
En el libro decíamos que no podemos afirmar ni que sí ni que no que exista un lobby de la industria de armamentos vasca. No tenemos suficientes datos para poder afirmarlo, pero de repente aparece Zedarriak. Nos ponemos a mirar quienes son, y resulta que de 16 integrantes, 10 tienen relación directa con la industria de armamentos, ¡qué es esto!
Cuando sueltan en la presentación de su informe el apoyo a la industria de defensa, en el fondo no nos importa mucho. Estuvimos calculando que estos han salido a raíz de ver la luz nuestro libro, que no tuvo mucho despliegue mediático. Al principio, dijimos no puede ser. Nosotros sacamos el libro en diciembre y ellos sacaron el informe en enero, pero te pones a leerlo y no habla de defensa. Han utilizado la excusa de la presentación del informe para cargar. Eso sí que puede tener más sentido. A partir de ahí, está claro. El lobby ha despertado.
Hay otra historia, y estamos con la duda, porque sueltan no sólo la burrada de la industria de defensa, sino también de la energía nuclear. Y esa no se le ha dado seguimiento, ni ellos ni los grandes medios. Se ha comentado de pasada.
Los de ELA, sí.
Sí.
¿La conversión cómo la planteáis para Euskal Herria?
Al principio, cuando comenzamos con el libro estábamos con la propuesta de conversión. Estábamos tanteando hasta qué punto nos podíamos lanzar o no, aunque todavía seguimos en esa fase. Porque claro la propuesta de conversión que hacemos cambia radicalmente las propuestas que ha habido hasta ahora, incluso el punto de arranque del movimiento antimilitarista. La historia con la que vamos no es decir esto es una campaña o una iniciativa del movimiento antimilitarista que venimos a pediros sopitas a los demás. La historia es decir que el movimiento militarista hemos estado muy encerrados en nuestro mundo durante mucho tiempo y hemos estado buscando todo lo que tenía color caqui para denunciarlo, pero nos hemos olvidado que en el fondo hay más cosas que la historia militar.
En este momento, nos encontramos en una situación con todos los colapsos, con todas las crisis y demás, y creemos que no puede haber respuestas aisladas desde el punto de vista de cada cual. Hemos decidido que no tiene ningún sentido que nos quedemos en una conversión de la producción militar a civil, sino que tiene que ser algo más, que vaya a la raíz del problema que es el sistema productivo capitalista.
El paso no lo tiene que dar solo el movimiento antimilitarista, sino que tienen que ser los movimientos populares y sindicales dentro de las fábricas, pero en la calle tiene que haber todo un debate y una movilización de los movimientos populares que, además, sean los que vayan poniendo sobre la mesa posibles alternativas.
¿Eso para cuándo se piensa hacer?
Nuestro planteamiento era decir, sabíamos que el momento político y económico era el peor, pero como vamos a una historia de largo recorrido, vamos a ir aprovechando todo esto para que cuando tengamos algo decidido y concreto, sacar el debate a la calle. No íbamos con este debate, que nos viene muy bien, porque lo ha potenciado Zedarriak y luego Mikel Torres. Si son tan burros como los de Zedarriak o Torres mejor que mejor, porque como están diciendo salvajadas increíbles en cierta manera nos beneficia, pero el objetivo era entrar en un proceso largo de tiempo. Antes de todo eso, dijimos que los primeros que tienen que ver si están por la labor o no son los sindicatos.
¿Habéis estado con ellos?
Nos hemos reunido con la mayoría sindical vasca en una primera fase. Se puede decir que les hemos visto positivos con la iniciativa y que tenemos que seguir, y vamos a comenzar con los movimientos sociales y antimilitaristas. Estamos avanzando en este proceso.
¿Debe haber una conversión de la industria militar como decís en el libro?
No solo conversión de la industria militar. Lo que fijamos como principios, es la conversión de la industria militar en producción civil y de utilidad social que cuestione el sistema productivo capitalista.
¿Cómo concluís en ese pensamiento y en esa manera de actuar para con el sector armamentístico vasco?
Cuando marcamos esa historia no es que alguno de nosotros hayamos tenido una noche de pesadilla y nos hayamos levantado con todo esto, sino que hay prácticas anteriores, y que estaban medio olvidadas, que recuperamos. Sobre todo, en Reino Unido en los años 70, con la industria de armamentos. Claro vete a esa época y la mentalidad que había entonces, con el laboralismo radical a punto de caer y la llegada de Margaret Thatcher. En concreto, en una empresa de armamento, Lucas Aerospace, les dicen que van a cerrar y empiezan a moverse. Habían estado funcionando en otras cosas, en un esquema de trabajo distinto, cada uno en su fábrica, sin coordinarse. Pero sacaron una estructura distinta, sin decir que no a los sindicatos, funcionando de una forma paralela. Y empiezan a plantearse por qué no pedimos sopitas a gente entendida para que nos diga qué podríamos hacer como producción alternativa y demás. Recurren a entre 150 y 170 listos y listas de la academia y reciben sólo tres contestaciones.
Deciden preguntarse, ante esa falta de implicación, si son capaces ellos. Empiezan un proceso distinto y hacen un formulario de preguntas que distribuyen por todas las fábricas y llegan a las plantillas. Y les dicen a los trabajadores y trabajadoras ‘según tú, ¿qué podríamos hacer?’. Y terminan con un documento de 300 páginas en las que se encuentran con 150 productos alternativos de verdad, cuestionando la historia del irremediable cierre. Y eso se tiene que decidir.
¿Esa manera de proceder sería vuestra guía?
Buena parte, ha sido la guía y la forma de que la gente nos entienda.
Ahora se podría retomar eso, que los sindicatos hagan esas encuestas en las empresas que trabajan para la industria de matar.
Es lo que tenemos que decidir entre todos. Conocemos casos, sin que se haya hecho públicos, que cuando les ha llegado un pedido militar han dicho que no. Esa vía debemos explorarla también, sin duda.

El Gobierno de Urkullu negaba una industria de armamento, pero el nuevo Gobierno con Mikel Torres como vicelehendakari mantiene que es una industria potente y que hay que potenciar. ¿Cómo se entiende?
Es lo que nos preguntamos: qué está pasando. En 2017 al lehendakari Urkullu en una entrevista de radio le preguntaron por el sector armamentístico vasco. Y dijo que si teníamos que llegar hasta el extremo de entender como sector el de las escopetas de caza entonces, dijo, tenemos; sino, no tenemos. Qué ha pasado desde entonces a aquí, que mientras Urkullu negaba la existencia de armamentos, ahora sale a valorar Mikel Torres diciendo que es una de las industrias más potentes de Euskal Herria y que hay que seguir. En este sector, la mano del PSE-EE está por todos lados. A López Gandasegui, máximo responsable de Aernnova, entre otras, Patxi López le ofreció ser consejero, y no quiso. Al margen de eso, el secretario general del PSE de Gipuzkoa, José Ignacio Asensio, que acaban de renovar, entre 2013 y 2015 fue el responsable de negocios de SAPA.
Me ha sorprendido lo que ponéis de Pedro Luis Uriarte. Lo tenía en el BBVA y algunas otras, además de ser uno de los impulsores del Concierto Económico en su paso por el Gobierno vasco.
A Uriarte le hemos ido descubriendo, igual que a la ex ministra Cristina Garmendia. Los dos han compartido consejo de administración en Everis, hoy en día se llama NTT Data, pero es una de las empresas con un sector militar absoluto y han compartido consejo. Y aquí de todo eso no se ha sabido ni miau. Otra importante es Zabala Innovation, una de las llamadas a realizar plan industrial del Gobierno de Pradales. Es una consultora experta en conseguir fondos europeos de defensa; una de las vascas que más aparecen en esos fondos de la UE.
¿La verdad es que esas empresas se disfrazan bien o, en sus términos, se camuflan?
Hombre, saben hacer su curro bastante bien. Hay otra historia que quiero decir, cuando Mikel Torres habla de Gobierno vasco no habla del PSE-EE, está hablando como Gobierno. Con su presencia en la presentación del informe de Zedarriak y después en el Fórum de Nueva Economía, que fue más bruto todavía, hablaba como Gobierno. Y en ambos escenarios estuvo el PNV, ¿qué iba a decir? Seguramente nada, porque ya lo está diciendo el otro. Son cosas que van quedando.
Aunque desde 2007 había una ILP (iniciativa legislativa popular) aprobada con un artículo que prohibía a la Administración vasca que soltase dinero o apoyo financiero-político a las empresas que tuviesen algún tipo de colaboración con la producción militar, se lo pasan por el foro de las narices. Hace un año empezaron con la historia de que iban a sacar una Ley de Cooperación, que iba a tocar ese tema. No han tenido las santas narices de aprobarla, que tiene un punto, el 10.4 o algo así, en el que vuelven a repetir lo mismo ‘las administraciones vascas se comprometen a no facilitar ningún tipo de ayuda económico-financiero a las empresas que participen de alguna forma en la producción militar’.
Al mismo tiempo que hacían eso, el Gobierno vasco a través de Finkatuz – un fondo público de inversión del Instituto Vasco de Finanzas– entra con una parte del accionariado de ITP. Y te preguntas ¿qué es esto? A parte, las consejerías y demás les ponen las infraestructuras, les ofrecen locales, les hacen hueco para lo que sea en las universidades, los centros de investigación…
Envuelven esas ayudas, casi siempre, en que es material de defensa defensivo.
Claro. Eso es otra de las historias. Empiezan a hablar clarito, vamos a hacerlo nosotros. Primero, ni industria de defensa, ni producción militar. La propuesta que hacemos ahí es llamarles a partir de ahora Producción de Euskal Herria para el Desperdicio y la Guerra (PEHDG).
¿Por qué?
A ver, sobre la industria de defensa ya no entramos en la historia de si el tipo de armamento es para el ataque o la defensa, que podría ser un debate menor, sino que me quiere usted explicar, si se pone o no de abertzale, cómo me está vendiendo que es una industria para la defensa cuando resulta que, según sectores, entre el 60 y el 90% de la producción se exporta al enemigo. Para qué defensa es. En esas historias tienen muy difícil escapatoria. Luego para la producción militar lo dudamos, porque les dices dónde están los militares. Estamos hablando de civiles.
¿Habéis calculado cuánto negocio puede mover las empresas vascas en la industria de matar?
Hay cifras más o menos oficiales, dentro de una horquilla grande, y hasta el año 2022-23 se movían, si hacemos caso a esos datos, entre los 700 y 1.200 millones anuales. Todo eso ha cambiado. Hasta ahora hay pocos datos, incluso a nivel estatal. Te dicen por ejemplo que en 2023 aumentó la producción militar en el Estado español en un 8,9%, pero no es una cifra exhaustiva, porque te vas a subsectores como armamento y munición, que ahora está en boga con la guerra en Ucrania, y han tenido un crecimiento del 85%.
A cuánto puede llegar la producción es muy difícil. Sí sabemos casos de algunas que tienen muchos ingresos y trabajo. Por ejemplo, Ecia Xemin (la nueva Esperanza y Cia), una empresa de Markina que en los años 80 entra en crisis y cierra. De repente unos cuantos currelas montan una sociedad anónima laboral para seguir haciendo lo mismo. Hoy en día no dan a vasto. Sacamos capítulo especial en el libro con ésta y otras. Porque tiene mucha miga. Por aquel entonces tuvieron un concurso de acreedores y quien pagó las instalaciones fue el Ayuntamiento de Markina.
Tienen las instalaciones en terrenos del ayuntamiento y al lado de una escuela, y no han hecho ninguna remodelación de la maquinaria. Están tirando con lo que tenían aquel entonces, que debía de ser muy bueno, pero han pasado años. Y para poder sacar esos datos y para que la gente viese que no contábamos rollos, accedimos a un acta del ayuntamiento en la que los propios implicados estaban contando que no cumplen ningún tipo de normativa de seguridad, higiene y nada, y allí no pasa nada.
Sobre esa fábrica estábamos tanteando a ver si podía ser el primer caso en el que plantean una historia de posible conversión, porque reunía muchas características. Ahora, por ejemplo, había entrado Bildu al Ayuntamiento, que antes estaba el PNV. Pero nada de nada. Tiene tanta cantidad de pedidos de morteros, que lo que va a hacer es expansionarse. En el pueblo de al lado ha comprado un terreno por un millón de euros para hacer nuevas instalaciones.
Hay más empresas como Ega Master, Iraundi….

¿Estaréis satisfechos con que Zedarriak saliera de esa forma con lo que generó un pequeño estallido?
Sí, es verdad. Lo que te decía, no nos ha venido en el mejor momento posible, porque no íbamos buscando esa historia, pero tal y como ha venido ha estado muy bien. Ha facilitado que se empiece a hacer un debate y que ellos se descubran sin tener que estar haciendo nosotros una labor de hormiguitas.
Y luego nosotros en el libro analizamos lo que ha pasado en Euskal Herria. Porque hace quince años a la gente le daba vergüenza o intentaba esconder la historia de que trabajaba en una empresa militar y de repente hay un cambio de mentalidad. Antes era antimilitarista y ahora han cambiado. Sin embargo, con lo de Zedarriak y Torres ves gente de mala hostia diciendo qué es esto, o qué vergüenza ajena producen y no sé qué…
Hablando de cambio de mentalidad, el presidente de Iberdrola se quitó la careta en Davos a favor de las nucleares, cuando llevaba años vendiéndonos la estrategia verde de la multinacional vasca.
Si alguien se pone a hacer una bomba atómica será él porque fue uno de los primeros presidentes o responsables de ITP. Luego estuvo en telecomunicaciones, en Airtel… todo eso conoce. Tienen urgencia porque la pasta llega ahora, y ahora también hay una necesidad económica. Esa parte del debate es verdad. Sí lo sabemos.
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