
“Con el salario mínimo hemos evidenciado que la patronal está fuera de la realidad de este país, porque con el SMI español no se puede vivir aquí”
“No se puede avanzar en una posición de izquierda y de transformación democrática sin una posición claramente antifascista”
“La política de la UE tiene que ir en sentido contrario: instaurar una cultura de paz, diplomática, que no sean las empresas armamentísticas las que se favorezcan del dinero público”
“El Gobierno de Pradales y el de Chivite deberían de hacer un pronunciamiento muy claro en contra de estas políticas que nos acercan a la guerra”
“Hoy las políticas que se implementan en el conjunto de Euskal Herria, tanto Gobierno de Gasteiz como el de Navarra son políticas neoliberales”
“El papel de la izquierda, que nos preocupa tremendamente, debe tener otra orientación, en construir poder popular, reactivar a la sociedad, plantear alternativas y, sobre todo, confrontar institucionalmente y en la calle”
“Uno de los retos del sindicato sigue siendo todavía como enfrentas aquellos ámbitos del mundo laboral que están fuera del sindicalismo y en aquellos que incluso estás, pero no tienes la suficiente fuerza para darle la vuelta”
“Con la ILP sobre el SMI cada parlamentario del Parlamento vasco –en Navarra no, porque nos están impidiendo hacerla– tendrá que posicionarse si está de acuerdo en que el SMI se decida aquí: sí o no”
Sare Antifaxista habla con el secretario general de ELA, Mitxel Lakuntza, sobre diferentes temas de actualidad, mes y medio antes del 16 congreso, que celebrará en junio en Bilbao. Es una entrevista profunda que no elude los temas más activos estas últimas semanas. Para el líder de ELA un eje de principal preocupación es “que se destine dinero público a la industria armamentística porque no va a ir a recursos sociales y a gasto social”, necesario cuando asistimos “al aumento de la pobreza y la desigualdad social”. Lamenta que ni PNV ni PSE se hayan posicionado en contra del lobby Zedarriak que fijó postura a favor de la energía nuclear y la inversión en armas, y cree que esa posición, que sigue el trazo de la Comisión Europea y “nos acerca a la guerra”. A su juicio, “la política de la UE tiene que ir en sentido contrario: instaurar una cultura de paz, diplomática, que no sean las empresas armamentísticas las que se favorezcan del dinero público”. Lakuntza añade que “el Gobierno de Pradales y el de Chivite deberían de hacer un pronunciamiento muy claro en contra de estas políticas que nos acercan a la guerra”.
Sobre el Salario Mínimo Interprofesional (SMI) reconoce que, junto al resto de sindicatos, redujeron a 1.500€ sus pretensiones “para buscar un acuerdo interprofesional”, por debajo del umbral de la pobreza, aunque sabían de antemano de la posición contraria de Confebask y la vaga reacción del Gobierno vasco.
Admite su preocupación por el papel de la izquierda que “debe tener otra orientación, en construir poder popular, reactivar a la sociedad, plantear alternativas y, sobre todo, confrontar institucionalmente y en la calle” y añade que “no se puede avanzar en una posición de izquierda y de transformación democrática sin una posición claramente antifascista”.
Nos acercamos al Primero mayo, ¿qué reclama ELA para este 2025?
Dos ideas principales: una posición antimilitarista y, por otro lado, la necesidad de profundizar en la pelea por el salario mínimo propio. Planteamos, según explicamos, una impugnación a las políticas europeas y está relacionado con una política que lo que intenta es construir enemigos, que intenta expandir el miedo en la sociedad para justificar determinadas políticas. Lo que estamos planteando es que la política de la UE tiene que ir en sentido contrario: instaurar una cultura de paz, diplomática, que no sean las empresas armamentísticas las que se favorezcan del dinero público. Porque eso es lo que está detrás de la política de la Comisión Europea, en este caso, que el dinero público se destine a las empresas armamentísticas, los 800.000 millones que están dispuestos a gastar tienen esa intención. Nos preocupa que en base a ese miedo y a esa extensión del pánico social se justifiquen unas medidas que puedan ser impopulares y nos preocupa que esto se haga para destinar dinero público que no va a ir a recursos sociales y a gasto social.
Eso es lo que va a venir. Es una política totalmente injustificada y la historia tristemente lo que nos enseña es que escalar en el belicismo nos acerca más a la guerra, y que, además, esa industria militar, lo que se está llamando keynisianismo militar, se va a hacer costa de recortar recursos sociales. Esta es la segunda parte, en nuestra opinión, de una política que se vio muy claramente en la anterior crisis de 2008 a 2013, donde la apuesta de la Comisión Europea fue salvar al poder financiero y la banca, incluso para hacer recortes sociales.
¿Ellos dicen que no habrá recortes sociales?
Eso no se lo cree nadie. Ese presupuesto es sin un cambio de política fiscal, porque esto va en el paquete. Hay una parte mayor que se va a destinar a esa política armamentística. Eso es lo que Sánchez no puede explicar. Más allá de buscar un calificativo diferente al rearme, el presidente del Gobierno español tiene en la cabeza que esto se haga y que se explique de otra manera. Y esto no es una cuestión de explicación, sino de fondo. Aquí se está destinando dinero público a rearmar. Nos preocupa que se están fabricando esos miedos y la extensión de ese pánico, en este caso, porque detrás de esa estrategia está sobre todo reforzar la industria militar y las corporaciones, que hoy el 63% del gasto militar se hace por Estados Unidos. Y, desde luego, justificar algo que nos acerca más a la guerra y que va a suponer un recorte del gasto sociales es para nosotros preocupante e interpela directamente a las instituciones. El Gobierno de Pradales y el de Chivite deberían de hacer un pronunciamiento muy claro en contra de estas políticas. Porque el futuro de este país no puede ser acercarnos más a la guerra y que una parte de nuestra industria cada vez mayor se destine a esto.
¿Ellos están en la dirección contraria?
Claro.
¿Y qué piensas del lobby Zedarriak?
Fue el primer lobby, el mayor lobby organizado en este país, y el primer pronunciamiento que hicieron en favor de las centrales nucleares y de aumentar la inversión en la industria militar vino de la mano de ellos. No hemos escuchado ninguna crítica ni del Gobierno vasco ni del Gobierno de Chivite a este tipo de estrategia.
Nosotros vamos a oponernos frontalmente e iremos a buscar todas las alianzas posibles y toda la movilización social para oponernos a algo que va en sentido contrario de lo que debemos de hacer. Es decir, cuando se está diciendo que esto puede reactivar la economía vasca, se está yendo en la dirección opuesta de lo que nosotros estábamos planteando y que la izquierda, en general, está planteando, que es la necesidad de reconvertir una industria hacia su transformación y que esté dirigida hacia las necesidades de la sociedad. Eso que llamamos la transformación ecosocial. Y esto es causa para oponerse a esta cuestión y uno de los elementos que está quedando fuera de la agenda, cada vez más. Por desgracia es el triunfo de nuestra derecha, con la agenda del cambio climático porque en vez de destinar recursos en este caso a la descarbonización, a que haya un cambio de modelo productivo, de movilidad, lo que se nos está planteando es que se potencie la industria militar, que luego plantea interrogantes muy evidentes. Cuando se destina tanto dinero a engrasar una maquinaria de guerra es para que tenga un uso. Estamos teniendo esta conversación mientras se bombardea Gaza con la complicidad de Europa. Por lo tanto, estamos muy preocupados y, por eso, este Primero de Mayo queremos reforzar nuestra apuesta por la cultura de la paz y el antimilitarismo. Y luego ya está la segunda parte que es el salario mínimo.

Luego hablamos de eso. ¿Los socios del presidente del Gobierno español tampoco están mostrando un rechazo muy directo al tema armamentístico?
Creo que aquí quien ha abierto la posición más nítida de oposición al aumento del gasto militar y al plan de rearme de la Comisión Europea fue una enmienda del BNG, que vino a poner pie en pared contra esa política. Hoy diría que he escuchado pronunciamientos a la izquierda del PSOE que están apostando por rechazar ese rearme. Creo que el PSOE tiene un problema de posición política y con algo que saben que directamente en el espacio de la izquierda no cuela. Creo que al conjunto de la sociedad, tanto el Gobierno Sánchez como el de Pradales y el de Chivite tienen que explicarle a una persona que no puede acceder a una vivienda, que está viendo como se deteriora la sanidad pública, que tiene un problema de precariedad laboral, que su prioridad política es hacer misiles, tanques y acorazados. Eso hay que explicárselo a la cara a una persona que esté así. A ver si consigue convencer de eso a alguien preocupado por esa situación que vive. Estamos muy preocupados, porque las posiciones políticas ya estaban descentradas y desdibujadas, pero con este planteamiento van a estar mucho más.
BNG hizo eso, pero todos los demás no se les ve que hagan para que no se vaya por esa vía armamentística, sabiendo además que no pierden nada porque el PP ya le ha dicho al PSOE que para adelante.
Si creyese que hay una cierta ambigüedad os diría, pero creo que la mayoría que se sitúan a la izquierda tienen claro esta parte. No he escuchado una posición que invite a apoyar el discurso del PSOE. Otra cosa es luego qué posición se va a tomar con esta cuestión cuando se vote, si se vota, o respecto a los presupuestos, y todo eso. Pero en cuanto a posición política creo que no hay problema. No sé qué pasos se darán en lo sucesivo, pero creo que hoy el PSOE mantiene abierto un discurso abiertamente de apoyo a la Comisión Europea, más allá que le quieran cambiar el nombre.
¿Por qué crees que las rentas de trabajo están perdiendo peso en el reparto de la riqueza y está aumentando la desigualdad y la pobreza? Llevamos tanto tiempo y nadie pone ninguna medida para cortar con eso.
¿Por qué? Hay dos vías principales para repartir la riqueza y para que las rentas puedan tener una corrección sobre los beneficios, cuando hablamos de rentas tenemos que coger todo lo que es el modelo social. Porque hoy hablar de salarios y no de vivienda es difícil. Es la consecuencia de unas determinadas políticas. Hoy las políticas que se implementan en el conjunto de Euskal Herria, tanto Gobierno de Gasteiz como el de Navarra son políticas neoliberales, independientemente de que haya partidos políticos de izquierda que las apoyen. Eso es así, las evidencias están en lo que me cuentas. Está aumentando la desigualdad, aumenta la pobreza y eso tiene que ver con cada vez una mayor injusta distribución de la riqueza entre los beneficios empresariales y las rentas de trabajo.
Hay dos herramientas principales para corregir eso: una, la que más efecto podría tener en términos de volumen, es la fiscalidad. Venimos de un simulacro de reforma fiscal, donde los partidos PNV y PSE que han decidido históricamente cual es la fiscalidad que permite en este caso que las empresas sigan aumentando sus beneficios cada año, y en esta política fiscal se les ha unido Podemos. Es un error tremendo y que no tiene nada que ver con construir una alternativa y con mantener una posición de defensa con los que peor están. Aquí, como ocurre con la izquierda institucional, es que la perspectiva se pierde cuando te hacen sentir importante, te ponen muchos medios, te halagan y te dan una posición de protagonista, pero es algo totalmente efímero. Cuando partidos que han decidido la política fiscal o medios de comunicación sospechosos de apoyar las reivindicaciones de justicia social te vanaglorian y engrandecen, uno si está en plenas facultades tiene que preguntarse por qué sucede eso. Si recibes aplausos de aquellos que deberías combatir por sus políticas es que uno está errado en su estrategia.
Creo que Podemos se ha equivocado. Y el papel de la izquierda, que nos preocupa tremendamente, debe tener otra orientación, en construir poder popular, reactivar a la sociedad, plantear alternativas y, sobre todo, confrontar institucionalmente y en la calle con aquellos que permiten que eso se esté dando. Y fíjate, de momento tenemos un simulacro de reforma fiscal que va a aumentar las deducciones, por lo tanto habrá menos ingresos. Esa es la primera pregunta que hay que hacerse, ¿esta reforma va a traer más o menos ingresos? Va a traer menos ingresos. La segunda está en que hay que presentar grandes cosas para que se puedan trasladar a la sociedad y aquello que tiene que ver con el Impuesto de Sociedades, pero el impacto que dicen que va a tener la subida por tramos, las empresas pueden sortear ese incremento con una mínima inversión de nada. Cualquier empresa que diga que hace cualquier pequeña inversión, ya no tiene que subir el tipo de Sociedades. Está preparado para ello.
¿De hecho, nadie paga el 25%?
La media está en el 9%. Fíjate dicen que se incrementará de 17% al 19%, pero hay que mirar en la letra pequeña. Es donde está la trampa.
Este es el tema fiscal y luego está la negociación colectiva. En esto hacemos una valoración positiva en la parte en la que el sindicato llega, pero somos conscientes de que el mundo laboral es más amplio. Y uno de los retos del sindicato sigue siendo todavía como enfrentas aquellos ámbitos del mundo laboral que están fuera del sindicalismo y en aquellos que incluso estás pero no tienes la suficiente fuerza para darle la vuelta. Creo que una cosa positiva es que en estos dos últimos años 2023 y 2024 hemos tenido una pelea muy dura, y hemos superado los indicadores de huelgas, que teníamos hace tiempo. Por encima del 50% del Estado español se han hecho aquí, y eso ha permitido que una parte importante de los y las trabajadoras haya conseguido defender el salario y poder atender algunos elementos de precariedad. A la vez, somos conscientes de que ese no es el reto completo del trabajo, porque queremos llegar a otros sectores.
Pero mejor que vosotros negocia la ultraderecha policial en la Ertzaintza con subidas de 4.000 euros, ¿son todos los trabajadores iguales dentro de la Administración o hay privilegiados?
Nosotros tenemos bastantes dudas de la aplicación de ese acuerdo. Primero, porque se ha hecho en base a complementos y cursos de formación que todavía no están implementados. Tenemos muchas dudas desde un análisis técnico del acuerdo. Tenemos dudas que se vaya a llevar adelante. Pero sí tenemos una conclusión política importante: ha demostrado que cuando hay voluntad política se puede firmar un acuerdo que supera los límites que se fijan en el Estado, que eso nos valdría para Osakidetza, para Educación, sector público en general.
La cantinela que hemos escuchado los últimos años de que esto es ley básica, no. El mejor documento que hizo el Gobierno Urkullu es el de la ‘erosión silenciada’. Es el que menos proyección se le dio. Explica muy bien como en base a una alianza entre el Tribunal Constitucional y las leyes básicas se han desmontado las competencias que había, desde la regla de gasto, como debía ser la política presupuestaria a la negociación colectiva y a las tasas de reposición. Porque han dicho que no se puede negociar, ni puedes decidir qué plantillas, y se impuso la estatalización de la negociación colectiva, que le dimos la vuelta. Es de las victorias que hemos tenido para que las condiciones de trabajo se firmen aquí. Y tiene una conclusión política importante.
Ese acuerdo es una discriminación dentro del sector público y que deberíais poner en marcha al servicio jurídico que tenéis.
No es un tema jurídico, para mi. Es una cuestión política. Aquí una de nuestras críticas es que no se ha levantado ni un palmo político para denunciar eso que está pasando. Aquí en los últimos años, empezando desde Zapatero hasta aquí, ha habido una carrera donde han estado dando todo lo que han querido y más, y aquí se sigue hablando de bilateralidad. Eso no funciona así. Aquí había una opción para hacer valer el autogobierno y defender la soberanía de este país que no se ha hecho.
Bingen Zupiria ha abierto la cartera y les ha dicho: ‘coged lo que queráis’. ¿A eso se llama negociar? Les ha dado la pasta que han querido.
Supongo que ese argumento se puede usar para cualquier persona que quiera deslegitimar, en este caso, la negociación. Es decir, si eso pasa mañana en Educación o Sanidad… Nosotros, en términos generales, estamos diciendo a la Administración que tiene que aumentar la inversión pública en el conjunto de los servicios públicos. Los ertzainas son servicio público.
Ya pero veníamos de una circunstancia específica ‘extorsión, amenazas, chantaje’ eso no lo han hecho los trabajadores de Osakidetza, ni Educación , ni Función Pública, ni Lakua…
Lo han hecho determinados sindicatos. Esa es otra cuestión que tiene que ver con qué sindicatos se han fortalecido en la Ertzaintza y qué posición en el tiempo se ha querido potenciar: la de un sindicalismo corporativo. Por eso, en parte se han encontrado con un problema que no preveían, pero si se mira un poco a la historia el Gobierno vasco ha querido sindicatos corporativos, que estén fuera y que no tengan anclajes con el resto de la sociedad. Nosotros defendemos en la Ertzaintza que hace falta un sindicalismo de clase y que somos conscientes que no tiene respaldo que nos gustaría. Cuando una parte de la Ertzaintza se desconecta en este caso de sindicatos de clase, se desconecta también de una parte de la sociedad.
Los sindicatos corporativos, que hay de diversas formas, acentúan no solo una defensa de las condiciones laborales, sino que terminan metiéndose en política y en una manera de entender la cultura policial. Nosotros entendemos la cultura policial de manera democrática, donde esa policía sea más cercana a la ciudadania, con cultura feminista y con una policía que tenga muy presente que la rendición de cuentas es algo inherente a la policía y que tiene que haber mecanismos. Eso es una decisión política que haya mecanismos y en este caso desde la propia Academia de Arkaute se redirija a la Ertzaintza.
¿Qué os parece que el Gobierno español trate de reducir la jornada laboral a las 37,5 horas cuando aquí hace 26 años ya se hizo una huelga general por las 35 horas?
Es verdad que en Hego Euskal Herria tiene la jornada más baja del conjunto del Estado español por convenio. Qué quiere decir, que se ha establecido por la negociación colectiva y que ha tenido que ver con la lucha sindical, igual que las condiciones, que son fruto de esa lucha. Esa es la principal situación. Nos parece bien que se reduzca la jornada laboral porque, primero, tendría un efecto en una parte del mundo laboral que todavía tiene jornadas altas aquí en Hego Euskal Herria. Nos parecía mejor es tener la competencia para poder determinar eso con los trabajadores. Es el mismo debate que con el SMI.
¿La jornada laboral media ahora mismo firmada en el Estado español es la más alta de todo este siglo parece contradictorio?
Eso tiene que ver con el escaso pulso sindical que hay en el Estado español. Son los modelos de UGT y CCOO que rehuyen la confrontación y que acaban confiando su acción política a una acción institucional que está escrita de antemano. A veces se nos dice que ha sido el dialogo social el que trajo un incremento del SMI. No, es mentira. Eso no se hizo así, sino fue un acuerdo entre Podemos y el PSOE para que el Gobierno de Sánchez fuera posible. Y el incremento que se dio, el más importante, se dio en base al acuerdo de esos partidos y no por la presión del diálogo social. Porque el dialogo social está reivindicado por debajo de ese acuerdo político. El dialogo social es un fracaso. Nos parece positivo que ese debate de la jornada esté en la agenda política. Nos parecería bien que se aprobase y nos parecería mejor que pudiésemos decidir en este país (Hego Euskal Herria) porque eso es posible, porque hay una modificación del Estatuto de los Trabajadores que lo permitiría y que pudiésemos abordar el tema de la jornada en este país.

Entramos en el meollo del salario mínimo interprofesional (SMI) vosotros pedíais para 2025 1.818 euros, LAB,1.600 euros, en la reivindicación sindical conjunta lo habéis dejado en 1.500 euros, ¿os habéis bajado un poco los pantalones? ¿Por qué hacéis esa rebaja?
Aquí hay dos cuestiones diferentes. Una es la reivindicación de un SMI que a ELA le gustaría alcanzar y que tiene que ver con una formula de distribución de la riqueza. Lo que hacemos es un reparto entre el PIB y el salario. ¿Cómo podemos hacer para que el 65% de la riqueza acabe en manos de los trabajadores vascos? Y después está la negociación de un acuerdo interprofesional del SMI. Ahí qué nos ha pasado que ELA y LAB teníamos aproximaciones diferentes y nos hemos encontrado con una patronal que nos ha cerrado la puerta desde el primer día.
Entonces, teníamos dos opciones: dar por bueno esto y otra intentar que la negociación siguiese viva. Para eso, hemos hecho una propuesta para intentar que un SMI de mínimos pudiera llegar a los que peor y las que peor están, y que supusiese un cambio significativo respecto al Estado español.
Son dos cuestiones. Dijimos dónde está esto que podamos hacer posible continuar en la negociación y que podamos hacer un planteamiento, evidentemente, muy pragmático para que en torno a 140.000 trabajadores y trabajadoras puedan mejorar mejorar su salario de 1.184 euros a 1.500 euros. Para quien peor está, es algo importante. Lo que intentamos era desarmar a Confebask en su argumentario de maximalismos.
Con eso conseguimos llegar a una parte muy importante, que nos está constando mucho llegar, mediante la negociación colectiva y, por otro lado, incrementar de una manera muy importante de esos 1.184€ a 1.500€. Y hemos evidenciado que la patronal está fuera de la realidad de este país, porque con el SMI español no se puede vivir aquí. No lo hemos conseguido. Confebask nos ha remitido a la mesa de diálogo social. Esto es muy ilustrativo para ver para qué sirve.
El diálogo social es una vía muerta, es como una vía de frenado, cuando tienes una reivindicación, si se quiere dejar en vía muerta, lo que se hace es meterla en el diálogo social. Hemos planteado una mesa perfectamente legal, una mesa en el CRL para conseguir un acuerdo interprofesional. En ese sentido, no había un problema de legitimidad, lo que tiene es un problema de voluntad. Hoy nos encontramos con una patronal que ha hecho de la precariedad su estrategia para maximizar sus beneficios y no está dispuesta a renunciar. Es con lo que nos encontramos. Vamos a seguir con esa pelea. Si hoy pudiésemos firmar ese acuerdo, lo haríamos. Insisto no invalida un SMI mayor, permite ir acercándonos a un salario mucho más justo.
El Gobierno vasco en la Encuesta de la Pobreza y Desigualdad Social (EPDS) de 2022, que se realiza cada dos años, certifica que la decila salarial del 60%, donde está fijado el umbral de la pobreza por la UE, es de 1.758€ y, sin embargo, vosotros habéis bajado vuestras pretensiones, mientras que la patronal no ha hecho nada.
No, no. Una cuestión es dónde estableces tu unas referencias y qué explicación tienen para presentarlas desde un punto de vista justo y después evidentemente está tu correlación de fuerzas. Evidentemente en la negociación colectiva…
Ya, pero tu podías haber cogido el 60% del Gobierno vasco, para tener situarlo en el umbral de la pobreza, pero lo bajáis a 1.500€ y, a pesar de la merma, la patronal te dice que te vayas por ahí.
Insisto, claro que nos gustaría que se estableciera el SMI que queremos nosotros, pero en una negociación no sólo juega establecer la referencia, sino la correlación de fuerzas y las posibilidades de que tengas éxito. En ese sentido, le hemos dado importancia a lograr esos 1.500€, que son más de 4.000 euros al año y hay que pensar en aquellos que peor están.
Eso es hacer trampa.
No, no. No te lo admito. Cómo que trampas.
Claro, a uno que cobra muy poco, le subes de golpe 20€ y le viene bien.
Ya pero el punto de partida son 1.184 €. ¿Quienes tienen ese salario? Los que tienen convenios caducados, los que tienen convenios españoles, o no tienen convenio. Lo que estamos planteando es que desde la negociación colectiva tenemos una imposibilidad muy importante para llegar a esos. En la negociación colectiva nosotros no estamos firmando convenios con salarios por debajo de 1.400€. Para nosotros es un triunfo.
En eso no digo que no.
Es que hay 140.000 trabajadoras y trabajadores con salarios muy por debajo de esa cantidad. No es una posición neutra. Partimos de una mesa desequilibrada, que estás abajo y otros arriba. Subir cuesta y en este caso llegar a 1.500€ sería un triunfo muy importante para la clase trabajadora de este país y para esas personas. Creo que no se puede relativizar la importancia que tendría.
Tu sabes, y sabías antes que nadie, que la patronal iba a decir que no. Daba igual, si hubieras puesto 1.300€, también hubiera dicho que no.
Para nosotros en esta negociación desacreditar la posición de la patronal es importante, porque ahora hay un problema.
Bueno, la posición de la patronal está desacreditada antes y desde hace mucho tiempo.
No solo desacreditar, sino complicar. Nos reunimos con el lehendakari y la patronal no puede justificar, con un poco de vergüenza, su negativa a acordar el salario mínimo con nosotros. Es una acusación que se nos hace a ELA de que vosotros no os sentáis, qué se demuestra aquí que cuando hay contenidos de verdad, los que no se sientan son los de la otra parte [la patronal]. Cuando hay contenidos de verdad, ELA está ahí.
En eso estoy de acuerdo..
Pero eso se consigue gestionando la negociación desde un pragmatismo y desde un principio de realidad, también. Porque claro, tienes que ir ganando posiciones en virtud de como marcha la negociación.
Y esta posición vuestra tan pragmática y realista ¿han modificado la visión de Pradales o de Mikel Torres (PSE)?
De momento, no, pero les hemos creado un problema. Para nosotros es muy importante que hayamos puesto en la agenda política de este país esta realidad. Hace unos meses esto no estaba aquí. Hemos dicho vamos a movernos desde de una posición que no permita acusarnos de maximalismos y de no disposición a la negociación, aquí quien está mostrando disposición a la negociación somos los sindicatos.
Maximalismos no, porque es lo que te estoy diciendo, la EPDS marca donde está el 60%, donde está el umbral pobreza y es un informe oficial del Gobierno vasco de hace dos años.
Creo que os equivocáis relativizando. Aquí hay más de 140.000 trabajadores y trabajadoras que están cobrando menos, y si tuviéramos un acuerdo de 1.500€ porque hay que pensar en aquellos y aquellas no llegan, esas personas estarían mejor. La negociación juega.
Pero, ¿qué negociación, si no habéis empezado porque no quieren sentarse?
La correlación de fuerzas. En cualquier proceso de negociación y más en una mesa interprofesional saber cual es tu posición es importante. Esas mesas no se dan en una posición de neutralidad, porque están muy descompensadas.
No nos vamos a quedar ahí, hemos puesto otra vía en marcha que es la Iniciativa Legislativa Popular (ILP) del Salario Mínimo Interprofesional, que se está hablando poco de eso. Tiene mucho interés porque es una acción sindical y política y va a retratar y plantear en este país una cuestión sobre la soberanía en el salario mínimo. Vamos a plantear esa ILP que va a llegar al Parlamento de Gasteiz y a cada parlamentario del Parlamento vasco –en Navarra no, porque nos están impidiendo hacerla– que tendrá que posicionarse si está de acuerdo en que el SMI se decida aquí: sí o no. Eso es una praxis soberanista. Esto no ha hecho más que empezar. Lo que plantea es la modificación de un punto del Estatuto de Gernika para que haya cesión de la competencia para que sea el Parlamento el que decida, que es lo mismo que se podía hacer con la jornada. Lo que pasa es que la ley establece que tiene que haber una mayoría parlamentaria para exigir a las Cortes del Estado español que pueda seguir adelante.
Esta es una estrategia de polarización. Van a tener que decidir los grupos políticos quienes están a favor de decidir aquí y quienes no. Y aquí no caben medias tintas, o se está o no se está. Esto le dijimos al Lehendakari, vamos, que tiene que romper la equidistancia y tiene que hacer un pronunciamiento muy claro para que se desarrolle el SMI y presionar a la patronal. Es parte de la acción política de presionar desde el Lehendakari a los partidos políticos y a la patronal.
Y ¿una reforma laboral se podría hacer aquí por esa vía?
Claro. Otra cosa es el mecanismo de la ILP, qué pasos legales te permite para hacer esto. Nosotros siempre hemos establecido que el marco propio laboral y de protección social es una cuestión política. Está relacionado con nuestra posición crítica al Estatuto.
Lo comento porque la reforma de la reforma laboral iba a reducir todo e iba a generar mejores contratos, pero 76% contratos siguen siendo temporales por encima del Estado español.
Sí, sí, sí. Se está cumpliendo por desgracia lo que dijimos. Ese es el mayor incumplimiento de las fuerzas de izquierda que conformaban el Gobierno del Estado español. Cuando se presentaban a las elecciones decían que iban a derogar esa reforma, pero es uno de los mayores incumplimientos.
Cambiamos de tema, ELA aprovechará su 16º Congreso confederal entre el 2 y 3 de junio en Bilbao para renovar los principios fijados en 1976. Pedís desde la república vasca, la soberanía de los pueblos y su derecho a la autodeterminación, a la autodefensa y a emanciparse de cualquier forma de opresión. ¿De qué pueblos estáis pensando?
Del pueblo vasco y de nuestra vocación internacionalista de todos los pueblos del mundo.
El pueblo vasco ahora no se autodefiende de nada, cada vez estamos más pegados –sometidos– a Madrid y a la división territorial de Euskal Herria. ¿Qué ocurre?
Bueno, nuestra ponencia habla un poco de esto. Nuestra preocupación por la división territorial y por la falta de pulso político. En esa parte, el sindicato tendrá su responsabilidad, no la rehuimos, pero creo que debemos afrontar una estrategia soberanista desde esa crítica, porque está muy unida a la falta de polarización de los elementos de confrontación con el Estado. Esto está relacionado con lo que antes decía, aquí durante los últimos, muy claro por el PNV, se retiene un bilateralismo en la defensa de algo que no existía, mientras se iba desgastando el ámbito competencial.
Y, de hecho, faltan todavía competencias por transferir, más de 45 años después de aprobarse el Estatuto.
Sí, sí. Nosotros en 1997 dijimos que el Estatuto estaba muerto y ahora se ha abierto un debate sobre un Nuevo Estatus, que hoy está en un debate a tres bandas entre PNV, EH Bildu y PSE. Ya veremos lo que se plantea, pero nos preocupa que se intente avanzar en un proceso sin participación social. Nosotros, primero, creemos que la participación de la sociedad vasca es determinante para que un proceso con cierta ambición tenga éxito; y, segundo, que de partida el PSOE esté marcando los límites de esa nueva realidad competencial nos preocupa. A ver qué dicen.

¿Qué piensas del auge del fascismo?
Hay muchos elementos para preocuparnos. Cada elección que se va dando en Europa, por desgracia, acaba suponiendo un incremento de las fuerzas de ultraderecha. Aquí hay que hacer una doble reflexión: una sobre sus causas y otra sobre las propuestas para hacerle frente.
La posición antifaxista es uno de los puntos de la izquierda para poder afrontar su acción política, social o sindical. No se puede avanzar en una posición de izquierda y de transformación democrática sin una posición claramente antifascista, en la medida que el fascismo entiende una única sociedad desde la imposición y el odio. Y en esas causas solo hay que mirar a lo que ha pasado en algunos países de Europa y el porqué crece.
La ultraderecha crece en una parte muy importante por la incomparecencia de la izquierda y por el abandono también de sus estructuras de poder popular. La ultraderecha no solo son herramientas institucionales con herramienta mediática, sino que desarrollan sus formas de estar en la sociedad y organizarse. Para combatir a la extrema derecha, sobre todo, lo que hay que fortalecer mucho es el poder popular, construir sociedad y en este caso blindar espacios para que el fascismo no pueda entrar, porque se cuela por cualquier rendija. Lo que va haciendo una sociedad diferente es la acción de ese movimiento popular.
Hace un tiempo un periodista italiano me hizo una entrevista y me decía por nosotros que no somos conscientes aquí de que en la sociedad sigue habiendo una hegemonía de izquierdas. Hegemonía entendida como que hay que organizar la sociedad desde unos valores determinados, desde el valor de los cuidados, el feminismo, el reparto de la riqueza… y todo esto. Las cuestiones elementales de la izquierda. El me decía, vivía en el Norte de Italia, ‘yo he visto el cambio que ha dado la sociedad italiana y estoy aterrado porque veo hacia donde nos dirigimos con la estrategia de odio, el racismo, la xenofobia, el ultracatolicismo’. Y el me decía: ‘esa es la explicación, si se desmonta el tejido popular, si desaparecen las organizaciones populares, de pensionistas, de otros colectivos y sindicatos ahí entran’. Nosotros en ELA siempre ponemos en valor el tejido asociativo. Este mismo fin de semana ha habido manifestaciones en favor de la vivienda, del salario mínimo y de pensiones dignas.
Una de las singularidades que existe en Euskal Herria es precisamente esto. A veces, podemos tener la tentación de no valorar lo que se ha construido y, sobre todo, la necesidad de mantener y mejorar esa construcción popular. En este país hay movimiento feminista, con una mayoría sindical diferente, y todo esto hace un país diferente. Por eso decimos que la política también es eso alimentar, sostener y construir desde abajo estructuras y organizaciones que van cambiando a la sociedad.
A Marie Le Pen le condenan y le apoyan mil y pico fascistas, a dos kilómetros hubo una concentración de 15.000 manifestantes antifascistas. El movimiento antifascista está esperando que alguien coja la iniciativa. Porque, por lo poco que queda de la izquierda institucional como lo ha dicho Sánchez, no quiere confrontar con el fascismo por ese poco que le queda de agarre a lo institucional, mientras tanto la gente está esperando. ¿Confrontamos o no?
Esta es una de las mayores tragedias de la izquierda. Nuestra ponencia habla mucho de esto sobre posiciones de moderación, hacia posiciones de una socialdemocracia malentendida, y no son tiempos para eso. La ultraderecha, entre otras cosas, avanza por su radicalidad. Nosotros echamos en falta una radicalidad en sentido contrario para hablar de la vivienda, por ejemplo. Porque es evidente que tienes que terminar con una de las mayores desigualdades más obvias.
La última, ¿guerra de los aranceles esto ya quiere decir que el sistema capitalista ha colapsado del todo?
Pasa una cosa curiosa. La explicación de los aranceles es un chantaje de los EEUU de Trump para mejorar su balanza comercial. El capitalismo, que siempre ha estado controlado por Estados Unidos, ha encontrado en cada momento la fórmula para mejorar el interés y los beneficios de las corporaciones norteamericanas. Es así. Venimos de una época de unos 30 años de economia globalizada, entonces lo que se dijo es vamos a quitar todos los límites para que el dinero pueda fluir, sobre todo las grandes corporaciones con el resto del mundo, así expoliamos los recursos naturales del sur global, y les vendemos los productos que sus propias empresas no pueden.
Esa es la lógica capitalista de la globalización y en este caso porque hay una descompensación de la balanza, Estados Unidos da un golpe en la mesa y decide que tiene que hacer la política de atraer inversión productiva. Lo que ha pasado a Estados Unidos es que las empresas productivas se han deslocalizado. Hoy la principales empresas tienen el centro de producción fuera. Van a tener que pagar los mismos aranceles.
En esta parte hay que entender que el capitalismo solo responde a los intereses de esas grandes corporaciones, en este caso en una economía mundial muy globalizada, y Estados Unidos sigue siendo el dueño del mundo, por desgracia. Para mi la reflexión más importante es el papel europeo, lo que está quedando en evidencia en este caso es el sometimiento y la subordinación de Europa respecto a Estados Unidos y la decadencia política de todo este continente, con una Comisión Europea que no afronta su futuro.
Cuando se habla para una consecución de la paz en Ucrania y cuando se habla de una ofensiva contra la política arancelaria en defensa intereses económicos está prácticamente en parálisis y el futuro debería ser aprovechado en este caso para desarrollar en Europa una política industrial propia que esté ligada a los retos de la modificación del aparato productivo, de distribución, de movilidad. Es lo que se debería plantearse, con una capacidad autónoma de desarrollo para hacer las cosas de otra manera, no para seguir siendo parte de los países que expolian al sur global.
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