La precariedad no rompe cadenas, las hace invisibles

Terminó 2025 con casi 3,1 millones de contratos de una duración inferior a 7 días. Suponen el 36,73% de los contratos temporales firmados, según los datos oficiales del Ministerio de Trabajo. En Hego Euskal Herria el porcentaje será parecido. No se hacen públicos a la vez que los datos de paro y contratos de comienzo de mes, porque nos imaginamos que generarían estupor y, además, mostrarían la cara amarga del mercado laboral que algunos y algunas ocultan con extraordinaria diligencia.

Y los contratos indefinidos ¿qué? Sólo el 44,02% de los que se firmaron en 2025 fueron a tiempo completo en la CAPV; en Nafarroa, un 40,25%; y en el Estado español, un 40,70%. La gran mayoría fueron a tiempo parcial y fijos discontinuos.

Además, en la CAPV 11.697 personas ocupadas tuvieron que complementar con la RGI sus ingresos por contar con bajísimos salarios, es decir un 20,34% de las personas perceptoras de RGi.

Hace unos días un periódico de gran tirada se preguntaba por qué no bajaba la cifra de paro en la CAPV pese a la bonanza existente. Aunque se puede aplicar al resto, es relativamente fácil: hay un porrón de contratos fijos discontinuos que están en inactividad. Es la magia que ha obrado la reforma de la reforma laboral del Gobierno español para camuflar la precariedad. No son parados aunque no están ocupados, pero cuando se necesitan engrosan las plantillas por unos días, semanas o meses, los menos. Por ejemplo, en la CAPV existen -según Lanbide- 37.926 de esos contratos, pero solo se contrataron a 32.112 personas, el resto inactivos. En el Estado español se contrataron 2.110.868 fijos discontinuos, pero de enero a noviembre se dieron de baja (pase a la inactividad) a 4.790.648.

El año pasado terminó con 109.361 personas en paro, el 9.8% de la población activa de la CAPV, según Lanbide, aunque después ya vendrán las encuestas de la PRA y EPA para maquillar los datos y permitir que nuestros gobernantes nos cuenten otra milonga.

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